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6 mitos comunes sobre el consumo de alcohol que muchos siguen creyendo (y por qué están equivocados)

El alcohol tiene un pase VIP en nuestra sociedad. Está en las celebraciones, en las comidas familiares, HASTA DESPUES DEL TRABAJO… es el invitado estrella a todas las fiestas.

Y esto hace que tenga muchísimos defensores y mucha mítica alrededor del alcohol.

El problema es que muchos de estos cuentos sirven para justificar el consumo de alcohol como si fuese algo inofensivo. Desde mitos que te quieren hacer creer beneficios de salud, hasta otros que te hacen pensar que eres un "super hombre" hay miles de ellos.

Vamos al grano.

 

1. "El alcohol afecta a todos por igual"

Esto es falso de manual.

El alcohol no afecta a todos por igual porque el cuerpo de cada persona lo procesa de forma diferente. Hay varios factores que influyen: la genética, el peso, el sexo, la edad o incluso si has comido antes de beber.

Por ejemplo, las mujeres tienen menos cantidad de una enzima llamada alcohol deshidrogenasa (ADH), que es la encargada de metabolizar el alcohol. 

Esto significa que, aunque un hombre y una mujer beban lo mismo, el alcohol permanecerá más tiempo en la sangre de ella y tendrá un efecto más intenso.


Así que no, eso de "yo aguanto más que nadie" no es un superpoder. Es solo una percepción falsa.

Esto quiere decir que si existe un gran peligro sobre el consumo de alcohol muy diferenciado en casa persona. Las mujeres y los jóvenes lo llevan muchísimo muchísimo peor, esto incluso genera condiciones de violencia y abuso por parte de "grupos mas resistentes".

Por eso la importancia de quitar estas mentiras y mitos, hacen daño y mucho y empobrecen la vida de muchos.

 

2. "El alcohol ayuda a entrar en calor"

Este es el típico consejo de cuñado: "Bébete un chupito, que calienta el cuerpo". Pues no.

Lo que realmente ocurre es que el alcohol dilata los vasos sanguíneos, haciendo que la sangre fluya más cerca de la piel. Eso provoca esa sensación temporal de calor, pero a la vez estás perdiendo temperatura corporal más rápido.

Por eso las personas que beben demasiado en invierno y se quedan dormidas en la calle tienen un alto riesgo de sufrir hipotermia. Sienten calor, pero su cuerpo se está enfriando sin que se den cuenta.

¿Solución? Si tenéis frío, poneros un abrigo… no os toméis un whisky.

 

3. "Una copa de vino al día es buena para el corazón"

Este mito tiene más vidas que un gato, y lo peor es que ha sido alimentado durante años por titulares sensacionalistas.

La historia viene de los famosos polifenoles del vino tinto, que son antioxidantes que pueden ayudar a reducir el colesterol malo. 

Ahora bien, lo que no se dice tanto es que esos mismos beneficios los podéis obtener de alimentos como las frutas rojas, el té verde o el aceite de oliva… sin el "extra" de alcohol.

De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) lo deja claro: no hay un nivel seguro de consumo de alcohol

Por muy "medicinal" que parezca una copita de vino, sigue siendo una sustancia que aumenta el riesgo de cáncer, enfermedades hepáticas y otros problemas de salud.

Así que si queréis cuidar vuestro corazón, id directos a por la fruta, no a por la botella.

 

4. "El alcohol te ayuda a dormir mejor"

¿Alguna vez habéis oído eso de: "Un par de copas y duermo como un bebé"? Otro mito que se desmonta con una sola palabra: fragmentación.

El alcohol puede hacer que os durmáis más rápido porque deprime el sistema nervioso central, pero ese sueño es superficial y está lleno de microdespertares. 

No llegáis a las fases profundas del sueño, que son las que realmente permiten descansar y recuperar energías.

Por eso, aunque penséis que habéis dormido toda la noche, os levantáis con la mente espesa y el cuerpo agotado.

Si queréis dormir bien, nada de copas nocturnas. Mejor una rutina sin pantallas, una buena almohada y cero alcohol.

 

5. "Tomar cerveza mejora la lactancia"

Hay quienes creen que la cerveza (por la cebada) puede aumentar la producción de leche materna.

¿La realidad? Aunque la cebada tiene betaglucanos que podrían estimular ligeramente la prolactina (hormona que regula la lactancia), el alcohol tiene el efecto contrario: inhibe la oxitocina, la hormona encargada de liberar la leche.

Así que lejos de ayudar, el alcohol reduce la producción de leche y, lo que es peor, pasa directamente al bebé a través de la lactancia.

No hay vuelta de hoja: durante el embarazo y la lactancia, el alcohol debería ser cero absoluto.

 

6. "Si no te emborrachas, no tienes un problema con el alcohol"

Este es quizás el autoengaño más peligroso.

El alcoholismo no siempre significa acabar borracho cada fin de semana. Muchas personas tienen una relación complicada con el alcohol aunque nunca lleguen a perder el control.

Si necesitáis una copa al final del día para "relajaros", si siempre buscáis la excusa perfecta para beber en reuniones sociales, o si os cuesta imaginar un plan sin alcohol… eso ya son señales de alarma.

El alcoholismo funcional existe. Son aquellas personas que mantienen sus trabajos, sus relaciones y su día a día aparentemente normal, pero que dependen emocionalmente del alcohol.

 

Entonces, ¿Qué hacemos con todo esto?

El problema con estos mitos no es solo que sean falsos, es que sirven de excusa para seguir bebiendo sin cuestionarlo. 

La realidad es que el alcohol, aunque esté socialmente aceptado, sigue siendo una droga que tiene un impacto real y serio en la salud física y mental.

Pero aquí viene lo importante: hay salida.

Si leyendo esto habéis sentido que el alcohol tiene más poder sobre vuestra vida del que pensabais, no estáis solos.

En Mucho Mejor Sin, os ayudamos a dejar el alcohol y a recuperar el control. No importa si creéis que vuestro consumo es "moderado" o si lleváis años lidiando con ello. Hay un plan para cada persona.

Os animamos a echar un vistazo a nuestros programas personalizados. Porque vivir sin alcohol no solo es posible… es muchísimo mejor.